Cuando apago la luz, todo desaparece menos una cosa:
ese punto blanco que queda flotando en la oscuridad.
No es un reflejo, ni una pantalla, ni el led de nada.
A veces lo veo moverse.
A veces lo veo acercarse.
A veces lo veo más cerca de lo que recordaba.
Hoy, cuando he encendido la luz, no había nada.
Pero el punto seguía ahí.
En mi retina.
Mirándome desde dentro.