Ilustración minimalista de un reloj marcando las doce en punto sobre fondo negro, estilo Umbral Cero.

Cuando el reloj llegue a cero

La última noche del año siempre me ha dado miedo.
No por el ruido, ni por las uvas, ni por los fuegos artificiales.
Sino por el silencio justo antes.

Cada 31 de diciembre, a las 23:59, el reloj de la pared se detiene.
No falla, no se atrasa, no adelanta:
se queda quieto.
El segundero congelado, apuntándome como si esperara una señal.

Y, durante ese minuto muerto, escucho voces detrás de mí.
No son recuerdos.
No son pensamientos.
Son versiones mías que no deberían existir.

Versiones que no tomaron mis decisiones.
Que siguieron otros caminos.
Que no llegaron a este año.

Me hablan bajito, casi con envidia.
Me dicen que este 31 no debería ser mío.
Que ya me tocaba cederles el sitio.

Cuando el reloj vuelve a moverse,
las voces se callan.
Pero este año han dicho algo distinto, en un murmullo seco:

—A las doce… cambiamos.

Símbolo de ojo blanco trazado a mano sobre fondo negro texturizado, representando la presencia oculta que aparece durante el parpadeo en el micro-relato Lo Que Espera Detrás del Parpadeo.

Lo que espera detrás del parpadeo

Dicen que al parpadear perdemos un fragmento del mundo.
Un instante donde todo queda negro.

Yo siempre he pensado que ese negro no está vacío.
Que algo vive ahí dentro.

Y anoche lo confirmé:
mientras parpadeé, sentí una mano apoyarse en mi hombro.
Pesada.
Delicada.

Cuando abrí los ojos no había nadie.
Pero aún noto los dedos marcados en la piel.
Como si hubieran querido quedarse.

Símbolo circular blanco incompleto trazado a mano sobre fondo negro texturizado, representando la figura parcial e indefinida del micro-relato El Hombre Que No Se Acababa de Ver.

El hombre que no se acababa de ver

Cada noche hay un hombre bajo la farola frente a mi ventana.
No hace ruido.
No se mueve.
No se acerca.

Pero tampoco tiene contorno.

No es una sombra.
No es una figura.
Es algo entre medias.

Anoche, al irme a dormir,
la farola parpadeó durante un segundo.
Y pude verlo completo.

Ahora intento no recordar lo que vi.
Porque al volver a encenderse la luz,
solo quedaba medio cuerpo bajo la farola.

Símbolo blanco trazado a mano con forma de líneas curvas que evocan respiración sobre fondo negro texturizado, representando la casa viva del micro-relato La Casa Respira.

La casa respira

No debería sonar así.
Ninguna casa debería sonar así.

Por la noche escucho cómo respira.
Inhalaciones largas.
Exhalaciones profundas.

A veces incluso siento cómo las paredes se hinchan y retroceden.

Intenté ignorarlo hasta ayer,
cuando la casa inspiró con tanta fuerza
que me apagó las velas.

Y luego exhaló mi nombre.
Como si lo hubiese estado guardando dentro.

Dos líneas blancas trazadas a mano sobre fondo negro texturizado, formando un símbolo que evoca la puerta entreabierta de un armario en el micro-relato El Armario No Olvida.

El armario no olvida

Mi madre nunca quiso que durmiera con la puerta del armario abierta.
Decía que así las cosas del pasado no salían.

De adulto me reí de aquella tontería y dejé de cerrarlo.

Pero anoche oí algo moverse dentro.
Algo pequeño.
Algo que caminaba arrastrando los pies.

Al abrir la puerta,
no había nada.

Solo un leve olor que reconocí al instante:
la colonia que llevaba cuando tenía cinco años
y me escondía ahí para llorar.

Marco fotográfico blanco incompleto trazado a mano sobre fondo negro texturizado, simbolizando la ausencia de reflejo en el micro-relato La Foto Sin Reflejo.

La foto sin reflejo

Hice una foto en el espejo por probar la cámara.
Salí yo, claro.

Pero detrás de mí, el pasillo aparecía vacío.

El problema es que, en la vida real,
mi hermana estaba pasando justo por detrás.

Volví a mirar la foto.
Vacío.
Tomé otra.
Vacío.

Tomé una tercera.
En esa no aparezco yo.
Pero sí aparece ella.
Con la cabeza ladeada.
Sonriendo hacia la cámara.

Símbolo blanco de onda distorsionada trazada a mano sobre fondo negro texturizado, representando el eco que no coincide con la voz del protagonista en el micro-relato El Eco Incorrecto.

El eco incorrecto

Estaba hablando por teléfono cuando escuché mi propia risa… un segundo después de reírme.
Pensé que era la conexión.
Pensé que era un retardo.

Pero entonces dejé de reír.
Y el eco siguió riendo.
Unos segundos más.

Hasta que bajó el tono.
Hasta que dejó de sonar humano.
Hasta que dijo algo que yo no había dicho.

“Ahora sí me escuchas”.

Punto de luz blanca flotando en la oscuridad, imagen atmosférica del micro-relato Lo Que No Parpadea en Umbral Cero.

Lo que no parpadea

Cuando apago la luz, todo desaparece menos una cosa:
ese punto blanco que queda flotando en la oscuridad.
No es un reflejo, ni una pantalla, ni el led de nada.
A veces lo veo moverse.
A veces lo veo acercarse.
A veces lo veo más cerca de lo que recordaba.

Hoy, cuando he encendido la luz, no había nada.
Pero el punto seguía ahí.
En mi retina.
Mirándome desde dentro.