Puerta dibujada con trazos blancos sobre fondo negro, con una sombra alargada asomando por la rendija inferior, estilo minimalista Umbral Cero

La sombra que llamó primero

Anoche llamaron a mi puerta.
Un golpe suave, apenas un roce.
Pensé que era el viento, hasta que escuché mi nombre dicho muy bajito, como si viniera de dentro del pasillo.

Me acerqué sin encender la luz.
La puerta tenía una línea de sombra justo debajo, como si alguien estuviera de pie al otro lado.
Quieto.
Esperando.

No abrí.
No quise.

Esta mañana, al salir de casa, vi algo que no estaba anoche:
una pequeña marca oscura en la madera, a la altura del pomo.
Como una huella de dedos…
pero desde dentro hacia fuera.

Y al cerrar, escuché el mismo golpe suave.
Solo que esta vez, la sombra me llamó por mi nombre antes de que yo me fuera.

Puerta entreabierta dibujada con trazos blancos sobre fondo negro y una huella pequeña frente al umbral, estilo minimalista Umbral Cero

La puerta que no cerré bien

Anoche escuché un golpe suave en el pasillo.
No un portazo.
Solo el sonido exacto de una puerta que se cierra despacio… como cuando alguien no quiere hacerse notar.

Me levanté para comprobar las habitaciones.
Todas estaban cerradas.
Todas menos una.

La puerta del fondo estaba entreabierta.
Apenas un dedo de separación.
Lo suficiente para ver una sombra quieta justo detrás, esperando que me acercara.

No entré.
No toqué nada.

Esta mañana volví a mirar.
La puerta seguía igual.
Pero algo había cambiado:

En el suelo, justo en la línea del umbral, había una huella pequeña.
Mojada.
Demasiado pequeña para ser mía.
Demasiado reciente para ser de nadie más.

Y la puerta…
ahora está un poco más abierta.