Zapato dibujado con trazos blancos sobre fondo negro junto a un pequeño montón de arena, estilo minimalista Umbral Cero

La noche que no trajo nada

La noche de Reyes nunca me dio miedo.
Lo que siempre me inquietó fue lo que dejaba atrás.

El 7 de enero la casa amanece distinta:
demasiado quieta,
demasiado consciente,
como si algo hubiera pasado por aquí mientras dormíamos.

Hoy encontré mis zapatos movidos unos centímetros hacia adelante.
No era un regalo.
No era una señal alegre.
Solo un gesto leve, preciso, como si alguien hubiera comprobado si seguían encajando donde los dejaba de niño.

Dentro del izquierdo había un poco de arena oscura.
Tibia.

No se llevó nada.
No dejó nada.
Solo la arena.
Como si quisiera recordarme que anoche sí estuvo aquí.

Aunque yo ya no pidiera nada.

Caja de regalo abierta dibujada con trazos blancos sobre fondo negro, estilo minimalista de Umbral Cero

El regalo que no elegí

La mañana del 6 siempre me ha parecido extraña.
Como si la casa despertara antes que yo.

Hoy, al entrar al salón, vi un paquete pequeño en el suelo.
No estaba anoche.
No estaba cuando me acosté.
Pero tampoco tenía nombre, ni lazos, ni papel de colores.
Solo una caja gris, cerrada con una cinta casi transparente.

No quise abrirla.
No tenía por qué.
Pero algo en el silencio de la habitación parecía… esperar.

Al final tiré de la cinta.
La caja se abrió sola.

Dentro no había nada.
Ni un papel.
Ni un objeto.
Solo un hueco exacto, como si algo hubiera estado allí hasta unos segundos antes.

Y en el fondo, escrito con una letra que reconocí de inmediato, una frase breve:

“No era para ti.”