Salí de casa, cerré con llave y escuché el clic metálico.
Cinco pasos más tarde, oí el mismo clic detrás de mí.
Me giré.
La puerta estaba abierta.
La cerré otra vez.
Cuando llegué al portal tras quince escalones,
vi reflejado en el cristal que alguien bajaba detrás de mí.
Pero al girarme, no había nadie.
Solo la puerta de mi piso.
Abierta otra vez.
