Zapato dibujado con trazos blancos sobre fondo negro junto a un pequeño montón de arena, estilo minimalista Umbral Cero

La noche que no trajo nada

La noche de Reyes nunca me dio miedo.
Lo que siempre me inquietó fue lo que dejaba atrás.

El 7 de enero la casa amanece distinta:
demasiado quieta,
demasiado consciente,
como si algo hubiera pasado por aquí mientras dormíamos.

Hoy encontré mis zapatos movidos unos centímetros hacia adelante.
No era un regalo.
No era una señal alegre.
Solo un gesto leve, preciso, como si alguien hubiera comprobado si seguían encajando donde los dejaba de niño.

Dentro del izquierdo había un poco de arena oscura.
Tibia.

No se llevó nada.
No dejó nada.
Solo la arena.
Como si quisiera recordarme que anoche sí estuvo aquí.

Aunque yo ya no pidiera nada.

Símbolo de ojo blanco trazado a mano sobre fondo negro texturizado, representando la presencia oculta que aparece durante el parpadeo en el micro-relato Lo Que Espera Detrás del Parpadeo.

Lo que espera detrás del parpadeo

Dicen que al parpadear perdemos un fragmento del mundo.
Un instante donde todo queda negro.

Yo siempre he pensado que ese negro no está vacío.
Que algo vive ahí dentro.

Y anoche lo confirmé:
mientras parpadeé, sentí una mano apoyarse en mi hombro.
Pesada.
Delicada.

Cuando abrí los ojos no había nadie.
Pero aún noto los dedos marcados en la piel.
Como si hubieran querido quedarse.

Símbolo circular blanco incompleto trazado a mano sobre fondo negro texturizado, representando la figura parcial e indefinida del micro-relato El Hombre Que No Se Acababa de Ver.

El hombre que no se acababa de ver

Cada noche hay un hombre bajo la farola frente a mi ventana.
No hace ruido.
No se mueve.
No se acerca.

Pero tampoco tiene contorno.

No es una sombra.
No es una figura.
Es algo entre medias.

Anoche, al irme a dormir,
la farola parpadeó durante un segundo.
Y pude verlo completo.

Ahora intento no recordar lo que vi.
Porque al volver a encenderse la luz,
solo quedaba medio cuerpo bajo la farola.