Puerta abierta dibujada con trazos blancos sobre fondo negro, con una sombra alargada cruzando el umbral, estilo minimalista Umbral Cero

La habitación del eco

Anoche, al pasar por el pasillo, escuché mi nombre dicho muy despacio.
Pensé que venía del salón.
Pero no.

La voz venía de mi habitación.
De la oscuridad quieta.
Del hueco entre la cama y la pared.

Encendí la luz.
Nada.
Silencio.

Apagué.
Y la voz volvió, esta vez más cerca, como si estuviera repitiendo algo que ya había dicho antes:

—No te fuiste bien.

Lo peor no fue el susurro.
Lo peor fue reconocerlo.

Era mi voz.
Pero más joven.
Como un eco que se había quedado allí atrapado…
esperando a que volviera.

Ilustración minimalista de un reloj marcando las doce en punto sobre fondo negro, estilo Umbral Cero.

Cuando el reloj llegue a cero

La última noche del año siempre me ha dado miedo.
No por el ruido, ni por las uvas, ni por los fuegos artificiales.
Sino por el silencio justo antes.

Cada 31 de diciembre, a las 23:59, el reloj de la pared se detiene.
No falla, no se atrasa, no adelanta:
se queda quieto.
El segundero congelado, apuntándome como si esperara una señal.

Y, durante ese minuto muerto, escucho voces detrás de mí.
No son recuerdos.
No son pensamientos.
Son versiones mías que no deberían existir.

Versiones que no tomaron mis decisiones.
Que siguieron otros caminos.
Que no llegaron a este año.

Me hablan bajito, casi con envidia.
Me dicen que este 31 no debería ser mío.
Que ya me tocaba cederles el sitio.

Cuando el reloj vuelve a moverse,
las voces se callan.
Pero este año han dicho algo distinto, en un murmullo seco:

—A las doce… cambiamos.

Marco fotográfico blanco incompleto trazado a mano sobre fondo negro texturizado, simbolizando la ausencia de reflejo en el micro-relato La Foto Sin Reflejo.

La foto sin reflejo

Hice una foto en el espejo por probar la cámara.
Salí yo, claro.

Pero detrás de mí, el pasillo aparecía vacío.

El problema es que, en la vida real,
mi hermana estaba pasando justo por detrás.

Volví a mirar la foto.
Vacío.
Tomé otra.
Vacío.

Tomé una tercera.
En esa no aparezco yo.
Pero sí aparece ella.
Con la cabeza ladeada.
Sonriendo hacia la cámara.

Símbolo blanco de onda distorsionada trazada a mano sobre fondo negro texturizado, representando el eco que no coincide con la voz del protagonista en el micro-relato El Eco Incorrecto.

El eco incorrecto

Estaba hablando por teléfono cuando escuché mi propia risa… un segundo después de reírme.
Pensé que era la conexión.
Pensé que era un retardo.

Pero entonces dejé de reír.
Y el eco siguió riendo.
Unos segundos más.

Hasta que bajó el tono.
Hasta que dejó de sonar humano.
Hasta que dijo algo que yo no había dicho.

“Ahora sí me escuchas”.