La puerta que no cerré bien

Anoche escuché un golpe suave en el pasillo.
No un portazo.
Solo el sonido exacto de una puerta que se cierra despacio… como cuando alguien no quiere hacerse notar.

Me levanté para comprobar las habitaciones.
Todas estaban cerradas.
Todas menos una.

La puerta del fondo estaba entreabierta.
Apenas un dedo de separación.
Lo suficiente para ver una sombra quieta justo detrás, esperando que me acercara.

No entré.
No toqué nada.

Esta mañana volví a mirar.
La puerta seguía igual.
Pero algo había cambiado:

En el suelo, justo en la línea del umbral, había una huella pequeña.
Mojada.
Demasiado pequeña para ser mía.
Demasiado reciente para ser de nadie más.

Y la puerta…
ahora está un poco más abierta.

Deja un comentario