Cada noche hay un hombre bajo la farola frente a mi ventana.
No hace ruido.
No se mueve.
No se acerca.
Pero tampoco tiene contorno.
No es una sombra.
No es una figura.
Es algo entre medias.
Anoche, al irme a dormir,
la farola parpadeó durante un segundo.
Y pude verlo completo.
Ahora intento no recordar lo que vi.
Porque al volver a encenderse la luz,
solo quedaba medio cuerpo bajo la farola.